la espiral del Trabajo que Reconecta

La espiral del Trabajo que Reconecta se desarrolla en cuatro etapas sucesivas:

- proceder de la gratitud,
- honrar nuestro dolor por el mundo,
- observar con ojos nuevos, y
- seguir adelante.

En su naturaleza, la espiral es un fractal. La secuencia se repite a sí misma a medida que los ciclos de la espiral trascurren,  sin embargo lo hace en formas siempre distintas. Puede describir el trascurso de una vida o un proyecto, y también puede suceder en un día e incluso varias veces en un mismo día.

La espiral comienza con la gratitud, porque aquieta el frenesí de la mente y nos trae de retorno a la fuente.  La gratitud nos reconecta con nuestra empatía y poder personal. Nos ayuda a estar más plenamente presentes en nuestro mundo. Esta presencia enraizada nos proporciona el espacio psíquico para reconocer el dolor que cargamos por nuestro mundo. La secuencia se repite a sí misma a medida que los ciclos de la espiral trascurren,  sin embargo lo hace en formas siempre distintas.

Al asumir este dolor y atrevernos a experimentarlo, aprendemos que nuestra capacidad de “sentir con” es el verdadero significado de la palabra compasión. Empezamos así a descubrir la inmensidad de nuestro corazón-mente, y a explorar las maneras como nos ayuda a movernos más allá del temor.  Aquello que nos había aislado en una angustia privada, ahora nos abre y nos entrega a una comprensión más amplia de nuestro mundo como Amante, nuestro mundo como Ser. 

La verdad de nuestra existencia interior, revelandose ante nosotros a través de nuestro dolor por el mundo, nos ayuda a ver con ojos nuevos. Trae un entendimiento fresco de quienes somos y como nos relacionamos entre nosotros y con el universo. Empezamos a comprender nuestro propio poder de transformar y sanar. Nos fortalecemos desarrollando conexiones vivas con las generaciones pasadas y futuras, y con nuestras especies hermanas.

Entonces, una vez más, avanzamos hacia la acción que nos llama. Con otros, cuando y donde sea posible, determinamos un propósito, desarrollamos un plan, echamos a andar. No esperamos un “plan perfecto” ni  que todos los semáforos estén en verde; cada paso será nuestro maestro, trayendo consigo nuevas perspectivas y oportunidades. Incluso cuando algún emprendimiento no resulte exitoso, podemos agradecer la oportunidad que aprovechamos y las lecciones que aprendimos. Y la espiral comienza de nuevo.

Enfrentaremos algunas cosas duras de nuestro  mundo actual, si queremos realmente servir. La gratitud autentica, no esconde. Al contrario, ante la destrucción y la tragedia, la gratitud nos aterriza, especialmente cuando hay temor. Nos sostiene firmemente para hacer el trabajo que necesita nuestro mundo hoy.