Sembrando en tierras fertiles: la ecología profunda en Colombia

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Colombia, que lleva ya 50 años en guerra, ocupa un lugar especial en mi corazón. Esta historia comenzó para mí en 2002 y está especialmente marcada por mi compromiso con las brigadas de paz. Durante un año estuve con una comunidad de paz afrocolombiana de Cacarica, en el Chocó. Esta inolvidable experiencia me hará vivir en carne propia el verdadero significado de las palabras valor y determinación. Mi admiración por la enorme capacidad de resistencia de las comunidades y los activistas de este país siguió aumentando en los numerosos viajes que hice los años siguientes. Por ello no es de extrañar que, desde que descubrí el Trabajo que Reconecta (TQR), desarrollado por Joanna Macy, sueño con poder desarrollarlo un día de Colombia. Pero, ¿cómo hacerlo?


Desde 2012 está en marcha en La Habana un proceso de paz con la guerrilla de las FARC, y hay una verdadera esperanza de que esta vez se llegue a un acuerdo. Pero el camino hacia la justicia y la reconciliación va a ser muy largo, ya que el país ha vivido horrores indescriptibles. La violencia de todos los actores armados (paramilitares y guerrilla) continúa, así como los desplazamientos forzados y la destrucción de la naturaleza, debido principalmente a la realización de numerosos megaproyectos.
"No queremos parir hijos y hijas para la guerra"              
  Ruta Pacífica - Toribío, Cauca, 2005                    

la vida hace bien las cosas: un coequipero aparece al horizonte

El encuentro - de nuevo muy fructífero - con Joanna Macy en julio de 2013 en Hardwick (GB) hizieron brotar en mí la confianza y la energía necesarias para hacer realidad este sueño. Cuando me estaba ya preparando para lanzarme sola (sin Corinne ni Gauthier, mis dos habituales coequiperos de nuestra asociación Terr'Eveille,), se dio una asombrosa coincidencia: un joven colombiano, Felipe Medina, muy comprometido con el objetivo de la paz, se puso en contacto con Joanna para invitarla a venir a enseñar el TQR a Colombia.

Felipe es el iniciador de Origen Circular, un movimiento que pretende contribuir a construir una cultura de paz integral en Colombia, dirigiéndose en primer lugar a los jóvenes afectados por la guerra. Durante un viaje a California descubrió la poderosa e innovadora metodología del TQC, y la idea le vino de que podría ser ideal no solo para la reconciliación de los colombianos entre sí, sino también para reconciliarse con la tierra.

                      

Joanna, informada de mis proyectos, propuso a Felipe que se pusiera en contacto conmigo. La conexión se estableció rápidamente y enseguida sentimos la afinidad de nuestras intenciones, incluida la de poder incluir también a víctimas de la guerra y activistas con pocos medios. La lista de participantes potenciales es larga. Pero, ¿dónde encontrar los fondos necesarios? Y de nuevo la vida hizo bien las cosas: una asociación amiga belga, Biloba, adepta del TQR, propuso apoyar nuestra misión, lo que nos permitió ofrecer veinte becas, entre otras personas a mujeres desplazadas por la violencia (Colombia tiene casi 6 millones de desplazados internos). Y un último detalle importante: Felipe pudo proponer un centro ecológico construido por su familia, que es perfecto para los talleres: La Minga a Choachí, a 2 horas y 99 curvas de Bogotá.

Tras cinco meses de preparación entre Bruselas y Bogotá (¡viva skype!), la aventura puede por fin comenzar.
Aterrizo en Colombia a mediados de diciembre de 2013.

El "Llamado de la Montaña"

En pleno apogeo de las fiestas de Navidad, nos pusimos en marcha con un mini-taller en el 'HUB' de Bogotá que tuvo buena acogida. Le siguió un festival de aldeas ecológicas a principios de enero,  El Llamado de la Montaña, en el que participé como oradora invitada. Este festival es considerado como un lugar de encuentro anual para impulsar una transición hacia una nueva humanidad. Me llamó la atención la creatividad y la inteligencia que allí se podían palpar. Vean esta alegre oración colombiana por la libertad y la diversidad de las semillas autóctonas (seriamente amenazadas por los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la UE).

El Llamado de la Montaña fue una maravillosa oportunidad para presentar la espiral del TQR a un numeroso público: 300 personas de diferentes comunidades, incluidos las indígenas. La visión de la ecología profunda en la que se basa el TQR, entró realmente en resonancia con la cosmovisión de los pueblos originarios, que constituyen además una de sus fuentes de inspiración. En los dos mini-talleres de TQR que se propusieron durante el festival, encontramos los últimos participantes necesarios para completar tres talleres de cuatro días que programamos Felipe y yo. Así, durante las tres semanas siguientes dimos a conocer la espiral en tres círculos diferentes, dos en Choachí y uno en Barichara, a 9 horas de Bogotá.

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Primer círculo: la mina de oro de la diversidad

Cada círculo tuvo su particularidad. En nuestro primer taller "El susurro del frailejón" participaron, entre otras personas, 5 mujeres afrocolombianas desplazadas, líderes en sus barrios pobres de Bogotá, un rapero ecologista, una pareja de permacultores, un cura jesuita, un actor de teatro, una asesora empresarial, tres niñas… O sea, ¡un grupo variopinto y un bonito desafío!

La presencia de las mujeres afrocolombianas, que crecieron trabajando en la mina de oro artesanal de Buenaventura y que han tenido que desplazarse en seis o siete ocasiones a causa de la violencia, fue muy enriquecedora. Están decididas a perdonar y a reanudar sus vidas con esa energía y alegría contagiosas que les caracteriza.

Este primer círculo actúa como un auténtico punto de acupuntura para esta tierra colombiana, tan hermosa y tan maltratada. Se abre aquí un espacio de encuentro entre personas de clases muy privilegiadas y otras procedentes de barrios totalmente abandonados por el estado, donde reinan la violencia y la miseria... Qué bendición descubrir el amor que sienten por la vida, cantar junto a una hoguera vespertina sus esperanzas o sus iras, en un rap o un bullerengue. Todos parecen darse cuenta aquí de la increíble riqueza que representa la diversidad multicultural de su país, y del poder de curación que se desprende de este arco iris.

El 'Mandala de la Verdad' - ritual clave del TQR - brinda a algunos la posibilidad de expresar su sufrimiento en total confianza por primera vez. La necesidad de compartir, a corazón abierto, en este país atormentado es evidente. Con mucha frecuencia quienes sufren por la guerra y sus consecuencias (sobre todo en el campo) se callan, por temor a las represalias; y otros, más alejados del conflicto, tampoco hablan, como si la cruel realidad de este país les hubiera anestesiado.

Pero el Trabajo que Reconecta no permite únicamente crear espacios para expresar nuestro sufrimiento y nuestras verdades. Los talleres contribuyen también a alimentar y impulsar nuestros sueños por la tierra, por Colombia…

Hamid Nativo (32 años), rapero militante de gran corazón, ha logrado curarse de un cáncer gracias a la medicina alternativa. Ahora trata de mobilizar a los habitantes de su barrio, San Cristóbal, situado en una zona pobre del sur de Bogotá, para limpiar y proteger el río Fucha que lo atraviesa, muy contaminado y amenazado por proyectos inmobiliarios. Hamid pone ahora la fuerza de sus canciones y de su evidente liderazgo al servicio de la curación de las aguas y de la tierra.

En otro barrio abandonado y violento, Ciudad Bolívar, las niñas, para escapar de la pobreza o debido a la violencia imperante, se prostituyen por un puñado de monedas. A Fidelina, abuela afrocolombiana de ojos brillantes, esta realidad le destroza el corazón. Han perdido ya tanto en esta guerra... No va a permitir que le quiten su dignidad. Está pensando en crear un comedor familiar con sus hijas. Este comedor podría ser su fuente de ingresos, pero sobre todo podría convertirse en un refugio, una especie de laboratorio cultural donde los jóvenes en difultad podrían aprender a hacer teatro y música. En el menú: la cocina de la Costa Pacífica que tanto les hace falta, preparada con verduras de huertos urbanos que habría que poner en marcha en Ciudad Bolívar. La energía ya la tienen, les falta ahora un local y el material. En el círculo empiezan a surgir ideas para recaudar fondos y enseguida se forman alianzas creativas. El sentido de la interdependencia y una mirada sistémica, tan fundamentales en el Trabajo que Reconecta, se materializan: estamos todos en el mismo barco.

Entretanto, mi coequipero Felipe va entrando en el espíritu del TQR con una naturalidad y justeza impresionantes. Nuestra complicidad va adquiriendo forma. Imaginamos ya para los siguientes círculos algunos ajustes para una mejor adaptación al temperamento colombiano: bienvenida a la improvisación teatral, a la danza… ¡a menearse!

 

segundo círculo: guardianes de la madre tierra desde siempre

La magia del segundo círculo ("El colibrí adentro") se debe, en particular, a la presencia de dos indígenas, Fernando, del pueblo Nasa del Cauca, conocido por la resistencia pacífica de su guardia indígena, y Gloria, mujer Uitoto del Amazonas. Compartir en profundidad con quienes defienden con tanta dignidad y perseverancia la madre tierra es un privilegio. Ellos, a su vez, se emocionan al escuchar a «blancos» -descendientes de los colonos - expresar su amor y sus penas por la tierra, ya sean los activistas de la Alianza Pachamama en Colombia o los biólogos, que se preocupan por las mariposas para preservar la biodiversidad.

Las lágrimas derramadas en el Mandala de la verdad tienen un sabor sagrado –aquí, claramente, se trascienden nuestras penas personales. Escuchamos sin pestañear a Fernando, de pie en el mandala, con el palo entre las manos, que vuelve a prometer que los Nasa defenderán la madre tierra (Sa’th Tama Kiwe) incluso aunque tengan que sacrificar su vida. No son solo palabras: cada tres días, como media, los Nasa pierden a un miembro de su pueblo en esta resistencia no violenta. Entonamos con él: «Por la Tierra! ¿Hasta cuándo? Hasta siempre!»

El rito permite a varias personas del círculo desbloquearse, superar su impotencia y encontrar un sentido a su camino... oír a Gaya gritar dentro de nosotros, y también escucharla soñar en nosotros. Y… cómo sueña en Colombia! Descubro maravillada que incluso los miembros más jóvenes tienen ya proyectos visionarios y se toman su compromiso apasionadamente en serio.

Mauricio, por ejemplo, tiene 22 años, y sigue un camino de autodidacta: permacultura, bioconstrucción, yoga, meditación, artes marciales, música.... Ha heredado tierras, no lejos de Bogotá. Quiere destinarlas a la agroecología y crear un centro educativo donde puedan transmitirse la sabiduría oriental, pero también la cultura indígena, fieles a su tradición. Las sesiones de meditación que propone al amanecer nos muestran un «guerrero de luz» ya muy consciente y bien arraigado.

Daniel, por su parte, llega al taller totalmente desanimado, cabizbajo. Mientras se opera en él la reconexión se levanta otro hombre, que emerge de la vulnerabilidad, que irradia y muestra potencia. Se promete convertirse en un ejemplo vivo de los valores que defiende, en particular, cambiando sus hábitos, su consumo. Y crear círculos para compartir con sus amigos, para «mambear», para buscar la palabra auténtica.

Monica acompaña a los pueblos indígenas en el Amazonas colombiano, donde las comunidades gimen bajo la apisonadora del capitalismo y se desintegran rápidamente. Se siente profundamente afectada por el aislamiento de algunos medicos tradicionales que podrían morir sin haber podido transmitir sus conocimientos. Quiere establecer «líneas de vida» para que los jóvenes indígenas y los jóvenes desorientados procedentes de las ciudades puedan reunirse y recibir esta sabiduría vivificante.

Sentimos que, entre todos estos proyectos, hay que tejer lazos!  Las dos águilas que sobrevuelan el jardín el último día del taller lo concluyen con cierta majestad...

Tras la intensidad de estos talleres organizados en esta zona montañosa, regada por el abundante agua de sus cascadas cercanas, ha llegado el momento de despedirnos del entrañable equipo de la Minga. Nos espera un viaje de 9 horas en autobús para llegar hasta nuestro último taller, hacia el noreste, en dirección a Barichara, uno de los pueblos coloniales más antiguos de Colombia.

tercer círculo: reconexión con el origen

En Barichara, Gaby y su familia nos acogen en un centro espacioso que ha vuelto a abrir recientemente, Corasoma. Como fondo las montañas, y tierras más bien secas. ¡Aquí reina el elemento fuego! Una parte del equipo de Origen Circular - el movimiento por la paz iniciado por Felipe– asiste al taller, que les brindará la ocasión de impregnarse del espíritu del Trabajo que Reconecta y de imaginar cómo podrían aplicar esta metodología en situaciones de construcción de paz.

Los participantes en este círculo, llamado "Gaia en el corazón", muchos jóvenes, son ya todos auténticos catalizadores del Gran Cambio: su nivel de concienciación y conocimiento es impresionante. Su compromiso desinteresado me conmueve profundamente, así como la portentosa creatividad que derrochan, ya sea en innovación ecológica o en música que reconecta con la tierra, en cuidados corporales, reciclado de plásticos o defensa de las semillas nativas, en artesanía consciente o apoyo psicosocial a las comunidades, en la puesta en marcha de la primera iniciativa de transición              

En la presentación de Origen Circular en 2013, el equipo había resumido así su misión: Un campamento de Paz - en Colombia. Un método vivo de regeneración de Confianza. Para niños y jóvenes quienes han sufrido la guerra. Herederos de 183 años de violencia continua, desplazamiento y destrucción de familias y comunidades. Un punto clave de acupuntura social a escala global. Para sanar la enfermedad de la guerra.

28 días, un ciclo lunar. Cocinando, sembrando, construyendo, creando, cantando, sanando, jugando, dialogando, perdo-nando. Participando en la construcción constante de un asentamiento humano ecológica-mente responsable. Responsable del cuidado de nuestra agua, de la producción sana de nuestra comi-da, de la construcción de nuestras casas, de las fuentes de nuestra energía y del estado de nuestras relaciones.

Esta vez, el Mandala nos reserva, a Felipe y a mí, una sorpresa: aunque para la mayoría, el hecho de compartir su dolor, ligado sobre todo a la guerra, le permite alcanzar una liberación profunda, algunas personas no consiguen conectarse con sus emociones. Una participante se siente simplemente "desconcertada" por lo que estamos haciendo: "A todos nos ha maltratado la vida en algún momento, ¿pero a qué esperamos para seguir adelante, por qué revolcarse en el dolor?" Una pregunta totalmente legítima en estas tierras donde queda tanto por construir… Pero un país que ha conocido casi cincuenta años de guerra, ¿puede pasar página sin antes leerla?

Es un momento delicado. Concluido el Mandala, agradecemos a todos y cada uno de los participantes que hayan expresado su dolor profundo, en nombre de las generaciones pasadas y también de las venideras, en nombre de Gaya, que impone, ella también, su "presencia" en este taller. Por la tarde, Felipe y yo decidimos proponer un juego de rol para simular encuentros entre "verdugos" y "víctimas" de la guerra en Colombia. Emprendemos este ejercicio difícil de escucha y compasión bajo un árbol que emana una gran dulzura.

En el círculo de cosecha que tiene lugar al anochecer parece que se ha producido una auténtica concienciación. Hablo de todos mis periplos a través de Colombia, de la "ley del silencio" con que me he encontrado en tantas ocasiones: "En boca que no se abre, tiro no entra". Un silencio completamente comprensible, ya que el Estado colombiano no ofrece seguridad alguna a las víctimas y la impunidad es casi total. Pero para nosotros, "callarse" no ayudará a reparar un tejido social desgarrado como el colombiano. Por ello nos resulta tan importante ofrecer a los colombianos un espacio de expresión que les permita restaurar la confianza mutua. ¿Quizás a veces, cuando todos parecen encerrados en sus historias, iras y dolores, se necesiten "parteros" venidos de fuera?

Comparto también con el círculo unas palabras de Joanna Macy: el Trabajo que Reconecta nos ayuda a crear un "rough weather network", una red resistente y solidaria en la que apoyarnos cuando llegue la tormenta… En países como Colombia, donde los conflictos armados han arrasado el paisaje exterior e interior, este trabajo, creemos, tiene incluso más sentido: se trata, por una parte, de prepararse ante un futuro en la tierra para todos incierto, y por otra de curar las heridas de la guerra, ya sean visibles o invisibles, que este trabajo permite sacar a la luz y cicatrizar.

Por su parte, Felipe habla de ese riesgo llamado apatía, o anestesia, como una de las enfermedades de Colombia: él la ha padecido personalmente y quiere contribuir a ultranza a su transformación. A sus 24 años ya da muestras de una sabiduría y un liderazgo impresionantes, fruto de una formación de autodidacta a través de viajes, encuentros y libros… y de su comunión profunda con Gaya.

Para clausurar este taller rebosante de música, entonamos un canto junto a un manantial que Gaby acaba de descubrir. ¡Qué don del cielo!

En el círculo de clausura, cuando escucho los testimonios de los participantes, profundos y conmovedores, constato hasta qué punto este trabajo nos ha reconectado con nuestra esencia y nos ha restituido unos vínculos auténticos… y pienso con inmensa gratitud en Joanna por haber ofrecido al mundo, de forma tan generosa, el Trabajo que Reconecta.

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Bajo un mango, Felipe y yo sellamos un pacto de alianza: ¡es evidente que nuestra aventura común no ha hecho sino comenzar! Vuelvo a mi vida en Bélgica pletórica y con una enorme alegría de corazón… en las tierras sedientas y fértiles de este país que tanto amo, las semillas del Trabajo que Reconecta, no cabe duda, han sido sembradas.

                                                                      Helena ter Ellen (Terr'Eveille) et Felipe Medina (Oriígen Circular)